Las elecciones serán decisivas para el equilibrio de poderes

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Gustavo Pedro, presidente de Colombia
Foto: HablandoConTV via wikimedia
CC BY 3.0

(Laeticia, Berlín, 22 de mayo 2026, ReGA).- El 31 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales en Colombia. Si ningún candidato obtiene la mayoría, el 21 de junio habrá una segunda vuelta para decidir quién sucederá al actual presidente de izquierdas, Gustavo Petro. Las elecciones serán una prueba definitiva para la coalición de gobierno Pacto Histórico, en la que la población colombiana evaluará la experiencia de cuatro años de gobierno de izquierdas. Además, no se puede sobreestimar. la importancia internacional de estas elecciones y de las de Brasil (donde se votará en octubre) También porque aquí se va a decidir en parte si la región sigue girando hacia la derecha o si, con Colombia, una izquierda democrática puede estabilizarse en la región.

En todas las encuestas de Colombia, el candidato de izquierda del Pacto Histórico, Iván Cepeda, va muy por delante. Parece casi seguro que llegará a la segunda vuelta. En el campo de la derecha, según las encuestas, Paloma Valencia, la candidata del partido de derecha Centro Democrático (partido del presidente de derechas Álvaro Uribe, que gobernó de 1992 a 2010), y Abelardo de la Espriella se disputarán el pase a la segunda vuelta. Mientras que Valencia pertenece al establishment de la derecha, de la Espriella es una especie de Trump colombiano, empresario y abogado con un pasado dudoso. En cuanto a sus ideas, se inspira en el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

El 8 de marzo se celebraron en Colombia las elecciones al Senado y a la Cámara de Representantes, en las que la coalición de izquierda Pacto Histórico obtuvo la mayoría de los votos, con alrededor del 23 %. Sin embargo, ambas cámaras están fragmentadas, lo que dificultará el trabajo del futuro gobierno y lo obligará a negociar.

Las elecciones en Colombia deben entenderse en el contexto de un cambio de poderes en la región. Se inscriben en el contexto de la política estadounidense, que pretende reestablecer su hegemonía en el hemisferio occidental a través de su Estrategia de Seguridad Nacional y la Doctrina Monroe. Colombia, Brasil y México son los adversarios más importantes y más fuertes del presidente estadounidense Trump y se oponen a sus intentos de volver a establecer a América Latina como su „patio trasero“.

Una línea de conflicto y una posible línea de intervención pasa por la llamada „lucha contra el narcotráfico“. La alianza Escudo de las Americas (Americas Counter Cartel Coalition), dirigida por la exministra de Seguridad Nacional de EEUU, Kristi Noem, se puso oficialmente esta meta. En 2025, EEUU ya se había metido en las elecciones de Argentina y Honduras a favor de sus aliados de extrema derecha, Javier Milei y Nasry Asfura, aunque indultó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por narcotráfico. En marzo de 2026, el Gobierno de Estados Unidos calificó de terroristas a algunas organizaciones brasileñas en el contexto del narcotráfico y las señaló como una posible amenaza para la región. Ya en 2025, Trump había acusado públicamente al presidente colombiano Gustavo Petro de ser un supuesto „lider del narcotráfico“. Actualmente, dos fiscales estadounidenses investigan posibles vínculos de Petro con narcotraficantes, una acusación que Petro rechaza rotundamente.

Tras la intervención de EEUU en Venezuela, contraria al derecho internacional, y el secuestro del presidente de ese país, Nicolás Maduro, en enero de 2026, Trump se mostró incluso abierto a intervenciones militares en Colombia. Esta situación se relajó ligeramente gracias a una reunión entre Petro y Trump en EEUU el 3 de febrero. Apenas hay información fiable sobre esta reunión, pero según fuentes del New York Times, las conversaciones giraron en torno a la lucha contra los cárteles de la droga que operan a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela, así como a inversiones en energías limpias que podrían suministrar electricidad a Colombia y a EEUU.

Actualmente, la situación política en Colombia se ve agravada por varios atentados, entre ellos un atentado con explosivos contra un autobús en la región suroccidental del Cauca, en el que murieron veinte personas. La situación antes de las elecciones del 31 de mayo es frágil.

Con la politóloga colombiana Estefanía Ciro del centro de pensamientos A la orilla del Río hablamos sobre su evaluación de la situación en Colombia y sus expectativas frente a las elecciones.

¿Cómo evalúas las amenazas del gobierno de Trump contra varios presidentes en América Latina en el contexto de la nueva guerra contra las drogas, y qué significan sobre todo para Colombia?

Es un escenario muy grave que a pesar de que en la historia de Colombia ha habido una relación muy cercana e influyente y de presión de los Estados Unidos sobre los gobiernos que llegan a ser muy amables y han aceptado y aprobado esa ayuda, claro el gobierno de izquierda en Colombia ahora se planta como un actor „enemigo“ o que difiere de los intereses de los Estados Unidos en la región. La presión de la lista Clinton [nota red.: a la cual Gustavo Petro ha sido incluidoen 2025] y la descertificación es primero una herramienta que ha sido utilizada solo una vez antes, que fue con el gobierno de Ernesto Samper [nota red.  1996], y el hecho de que se use de nuevo es un antes y un después en las relaciones con los Estados Unidos y un ejercicio de presión imperial muy poderoso, de decir „aquí se hace lo que nosotros queremos que se haga“. Es una situación muy grave.

Toda esa amenaza viene ya de antes. ¿Nos puedes explicar de qué se trata la descertificación y qué es la lista Clinton?

La lista Clinton y a la descertificación son unas herramientas que el gobierno de los Estados Unidos creó en los años noventa para evaluar qué tan bien y qué tan mal se portaban los países en términos de sus objetivos de política de drogas. La descertificación (o la certificación) es decirle al país si hace la tarea o no la hace en términos de los intereses de política de drogas. Y la lista Clinton es una lista de los actores que se financian de forma ilícita en el mundo, principalmente con narcotráfico. En esta lista está toda una serie de nombres de personas de todo el mundo que el gobierno de los Estados Unidos declara congelar [relaciones] porque tienen relaciones con el narcotráfico. Cuando ellos ponen en esa lista actores políticos como un presidente Gustavo Petro o también al gobierno y a los actores en Venezuela, pues hay un señalamiento directo de relaciones con narcotráfico, claramente sin condena, sin investigación, es un tema muy político.

Entonces son dos herramientas que hay que tener en el radar que generan una inestabilidad política. En el caso de Colombia, porque a Gustavo Petro le quita margen de acción justo, eso fue en septiembre [nota red.: Trump declaró a Petro de „líder del narcotráfico“], justo un año antes de las elecciones. Son unas interferencias directas en el escenario electoral.

¿De qué manera influyen esas amenazas al gobierno de Colombia, tanto en general como específicamente a Petro, en el escenario de las elecciones?

La doctrina de seguridad para América, para el hemisferio occidental, tiene dos palabras claves: expandir y reclutar. Es decir, hay una idea de que el hemisferio occidental, de que América se tiene que alinear a los intereses de los Estados Unidos. Y eso lo van a hacer de todas las formas que hemos visto, dándole plata a Milei, capturando a Nicolás Maduro, negociando con Noboa y declarando la guerra contra las drogas en Ecuador. Y en Colombia, por primera vez estamos viendo un gobierno de izquierda. La oposición dentro de Colombia es la derecha colombiana que ha jugado con los Estados Unidos y ha sido amiga de Trump en su primer periodo. Entonces, la primera imagen que tiene Trump del gobierno de Petro es, que es un enemigo. La acusación de sus relaciones con las guerrillas, con el gobierno de Maduro, empiezan a construir todo el relato muy alimentado por la derecha. Entonces, la derecha colombiana está en elecciones, está en competencia, está en una disputa muy fuerte contra la continuidad del cambio en Colombia, y Trump es una herramienta para ellos. Se encuentran la derecha colombiana y Trump y empiezan a utilizar tanto la lista Clinton como la certificación, las amenazas y todo este escenario para decir: O estás conmigo o estás en contra de mí.

Lo que tú dices parece ser como un factor externo que profundiza la polarización existente y preexistente entre una derecha muy poderosa y una izquierda un poco fragmentada que está buscando -de alguna manera- reposicionarse dentro de las elecciones. ¿En qué candidatos se refleja esa polarización?

El centro está muy desaparecido, hay dos sectores muy claros. En la izquierda y en la defensa de la continuidad del proyecto del cambio, está Iván Cepeda, principalmente, un líder histórico del movimiento de víctimas, hijo de una víctima del Estado: Manuel José Cepeda Vargas, que es un defensor de derechos humanos muy importante. Iván Cepeda es un hombre muy importante y emblemático en la historia del país, también muy cercano a la construcción de paz.

Al otro lado la derecha está muy partida. Hay el Centro Democrático y se definió por Paloma Valencia. Y está este actor que surge ahí en la derecha sin partido, independiente, muy a la tradición Milei, de un actor outsider, un abogado que se llama Abelardo de la Espriella [del partido Salvación Nacional].

¿Cuál es la línea ideológica de él, o a quién representa?

Abelardo de la Espriella es un señor que ha sido abogado de paramilitares, tiene un recorrido muy cercano con el paramilitarismo, pero también ha sido abogado de narcotraficantes, pero también abogado de Alex Saab [empresario venezolano, investigado por ser presunto testaferro de Nicolás Maduro] en Venezuela. Se ha cultivado en ese ejercicio de defender gente en entornos complejos, de violencia y muy de derecha. Él no está suscrito al Centro Democrático, que es el Partido de Uribe, aunque él defiende ideológicamente lo que hizo Álvaro Uribe, toda la estrategia de seguridad, anti-izquierda y anti-Petro. Recoge toda esta inconformidad que puede haber de la derecha, que dice, Petro es un desastre, Petro es guerrillero, Petro le entregó el país a los maleantes. Utiliza toda esta retórica de la derecha en el sentido de, lo que llaman para América Latina, los libertarios, en el sentido de que estos outsiders, que pueden decir cosas populistas, simplemente de un lado o de otro, derecha o izquierda, pero que la gente capta muy bien.

¿Podría alcanzar votos de personas de la derecha también, que están desconformes, por ejemplo, con el curso de la derecha, por ser demasiado poco “radicales”?

Además, estamos en una época de marketing digital, y al final es también quien sepa manejar eso. Cuando alguien representa ideológicamente al Centro Democrático, porque es anti-Petro, anti-izquierda, anti-Paz, pero que tiene TikTok, que tiene buen marketing en todos estos escenarios digitales, entonces, ahí se ve reflejado, que es lo que no pasa de pronto con el Centro Democrático, que no ha logrado que lo consuman las clases populares.

O sea, ¿él logra llegar más a clases populares, o también tiene como una campaña mediática, con más fuerza, más potencial mediático?

Más fuerza, más potencia.

¿Ya se están sintiendo señales de influencias parecidas a lo que ha pasado en Honduras, Chile, Argentina o de algún acercamiento entre el gobierno de Trump a Abelardo de la Espriella?

No es muy claro. Claramente ellos siguen una línea de derecha, trumpista, uribista, que supondríamos tienen una línea directa, pero creo que hay un elemento que es muy importante entender con Trump, que a veces no es de derecha ni izquierda, sino simplemente pragmático, a quién les sirve, para imponer sus intereses.

Con los otros, como Paloma Valencia del Centro Democrático ha habido un lobby mucho más directo que se nota. Abelardo de la Espriella en la derecha tiene más conexiones con las redes de Miami, por ejemplo, y con esos escenarios, menos del lobby congreso, actores políticos, secretarios de defensa, sino más en las calles de ese sector del exilio, de la migración colombiana en Estados Unidos.

No es tan claro, además porque, a partir de lo que ocurre con Maduro en Venezuela, Colombia adquiere un protagonismo porque Gustavo Petro siempre ha planteado la idea de la transición. Entonces, claro, ahora la idea es quién ayuda mejor a esa transición. Y ahí Gustavo Petro se convierte en un actor importante y Colombia en un actor importante.

¿Una transición en qué sentido?

La transición en términos de que Gustavo Petro quiera generar las condiciones para que dentro de Venezuela hubiera una transición democrática del chavismo hacia otras fuerzas. Entonces, al contrario de lo que creería, por ejemplo, Trump, que Petro es un chavista que defiende el movimiento bolivariano, pues se encuentra ahora en que Gustavo Petro piensa en la transición democrática como también lo piensan diferentes actores, no de forma radical. Eso también se vuelve un plus estratégico en el cual él puede, y ha tenido un rol, él no es chavista y eso puede acercarlo a Trump.

Petro hasta ahora ha sido un opositor firme contra el gobierno de Estados Unidos,  criticando, enfrentándose, que ya ha llevado a algunos enfrentamientos bastante críticos en los últimos años. ¿Tú personalmente crees que se va a subordinar a las reglas del juego de Trump?

Es interesante y es importante entender la trayectoria de Gustavo Petro en la izquierda colombiana. La izquierda es muy variopinta. Una de las cosas que los distingue es, por ejemplo, el imperialismo o el antiimperialismo. Dentro de la izquierda hay actores muy radicales antiimperialistas y hay otros que no tienen problema con hablar con EEUU. Y en las guerrillas se podía ver. El M-19, que es la tradición de Gustavo Petro, no es una tradición antiimperialista. Si tú lees el libro de Gustavo Petro, él escribe varias páginas en las que él dice que él admira a EEUU y establece unas muy buenas relaciones con EEUU. Digamos que esta mirada antiimperial que se puede ver en otros actores, él no la refleja ni la representa. Y de ahí que tú tengas, por ejemplo, frente a la doctrina de seguridad, dos posiciones ahora perfiladas: la de Iván Cepeda, muy crítico de EEUU, muy crítico de las intervenciones, muy crítico de las fumigaciones – y Petro que no lo ha sido. Petro negoció con Biden muy bien y durante Biden, la influencia de EEUU no se disminuyó. La política de drogas, de seguridad de EEUU se mantuvo, las agencias pudieron seguir haciendo, la cooperación con la policía no se tocó. Es decir, en la práctica, EEUU siguió siendo el mismo EEUU que estuvo con Duque, con Santos, con Uribe. Ahora llega Trump y lo que ha habido es algo que yo admiro mucho de Petro, que es su posición sobre Gaza y esa voz que ha tenido muy radical en la defensa del pueblo y sobre el genocidio. Pero a su vez ha intentado acercarse al gobierno de Trump de todas las formas. Su posición no es que Trump sea -como diría la izquierda radical- o fascista, un mentiroso, un violento. Sino siempre ha sido que „Trump está desinformado, no le han informado bien de mí, yo no soy eso que Trump cree“. Aunque en medios y en redes, sus discursos puedan parecer muy radicales y muy subversivos, al final, si uno hace el abanico de lo que piensa la izquierda en Colombia, él ha sido el más cercano a EE.UU.

Muchas gracias.

Esta entrevista de Kristina Dietz (Uni Kassel) y de Ute Löhning con Estefanía Ciro fue publicado primero por Research Against Global Authoritarianism. Y salió en ReGA-Newsletter. Para suscribirse: http://tinyurl.com/3c6h83ny.

Pueden leer este artículo también en alemán.

 

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