TERRUQUEANDO
Contramemoria y la ineficacia del uso de la memoria. Por: Heeder Soto
Para escribir esto lo pensé varias veces, lo rodeé en mi mente como quien tiene una esperanza perdida. Lo hice porque creo que es necesario reflexionar.
La historia comienza en Berlín, lugar al que hoy llamo hogar. Fue cuando el frío alemán se rehusaba marcharse. Era un jueves 2 de marzo del año 2023, en una pequeña galería de arte: Kunstraum La Girafe. Se presentaría una novela sobre jóvenes senderistas en Lima: “Danza entre cenizas”. Al llegar al evento no reconocí a nadie. Poco a poco llegaron más y más. A los nuevos, a unos pocos, los saludé con la vista, sin que ellos se dieran cuenta.
Comenzó el evento. En su momento el presentador elogió la publicación. Luego la autora presentó su obra orgullosa, mientras yo la escuchaba incrédulo y algo nervioso por aquello que „no se decía“. Cuando terminaron las presentaciones de los integrantes de la mesa, aplaudieron a rabiar. Esperé con calma y traté de pedir la palabra. Cuando me la dieron, dije (lo resumiré):
—“Se habla de Sendero Luminoso sin reconocer las atrocidades que realizó en el conflicto armado interno del Perú. Es el principal responsable de 20 años de violencia. También es responsable del 54% de las víctimas de las más de 69 mil víctimas fatales . Esto ya lo ha fundamentado la Comisión de la Verdad. Quisiera preguntar a la autora: ¿cuál es su posición frente a Sendero? Una obra de arte no es gratuita, representa concepciones políticas… Entonces, no se debería de hablar de Sendero sin antes reconocer sus crímenes…” —argumenté—, tratando de ver alguna reacción de la autora, que se mantenía inmutable.
Cuando terminé, la sala se dividió en dos: los que se quedaron en silencio, sin reacción y otros pocos, “activos”, que levantaron la mano. Uno de esos era del grupo „Fujimori Nunca Más“, Berlín (FNM). Lo recordaba porque lo había visto en las actividades del grupo.
—“¡Yo le contesto…!” —dijo—, frunciendo el ceño y siguiéndome con la mirada. Era como el “valiente” que quería dar una lección a un “bravucón faltoso”. Mientras que yo, sentado, esperaba con calma los “golpes verbales” de los que “activos”, me vigilaban con la mirada.
Le dieron la palabra a una persona que estaba sentada entre las primeras filas. Se paró y lo reconocí. Lo llamaré “Carlos”. Lo recuerdo porque me citó a un bar en el centro de Berlín, para conversar sobre Sendero y probablemente para contactarme con algún exsenderista que viviera en Alemania. A esos quería entrevistarlos para un tema del doctorado en el que trabajaba. El día de la cita, el bar tenía una iluminación tenue y él se sentó en la parte oscura, de cara a la puerta. Vigilaba con la mirada a todos los que entraban, notoriamente nervioso. No se concentraba en mis preguntas. Pero poco a poco se calmó. Luego de dar vueltas y vueltas con preguntas introductorias, de él y de mí —hasta entrar en más confianza—, le comenté que había encontrado su nombre en uno de los libros de Benedicto Jiménez , pregunté si había sido parte de Sendero.
—“No fui parte de Sendero. Aun si lo fuera, no te lo diría“ —aclaró—. Mientras me miraba serio y parecía dibujar una ligera sonrisa.
En la presentación del libro, Carlos, mirándome y a los demás, con un dominio del escenario mejor que yo, aclaró que, en los últimos tiempos en el Perú, hay una política del “terruqueo”. Que es una forma de deslegitimar a los actores políticos. Desconocer sus aportes o intervenciones y se pretende borrar del escenario social „a todos los actores que incomodan al sistema“. Señaló que yo estaba terruqueando. Cuando dijo eso, bajé la guardia. Luchaba en mí para no vincular la novela con Sendero.
Hubo algunas intervenciones más, pero ninguno negó los crímenes de Sendero. Otras también señalaron los efectos del terruqueo. Además, reiteraron que el arte „no tiene nada que ver con las acciones de Sendero“. Por mi parte, volví a exigir que la autora se pronunciara sobre Sendero. Ella negó que su obra tuviera alguna intención de resaltar a Sendero.
Al terminar el evento, todos formaron grupos de conversación. El presentador, me dijo que no sabía de los crímenes de Sendero. Era un académico de alguna universidad alemana. Lo miré como a un niño que descubre por primera vez algo lógico. Otros me dijeron que había sostenido una buena discusión. Luego de eso, me encaminé a casa. Caminé a la estación de bus, alumbrado por los faros de la calle que no lograban iluminar mi soledad. Ya era tarde y los buses de la noche pasarían más tarde. Esperé que algún asistente al evento llegara y me hiciera compañía. Recordé que, por el terruqueo, mi padre fue desaparecido por la Marina de Guerra del Perú, en el año 1984. Lo acusaron de terrorista y lo sacaron de mi casa. Luego de eso, hasta estos días no encontramos ningún indicio de su existencia . La espera del bus me pareció eterna. Ningún asistente al evento se acercó a mi camino, tenían otra ruta. Ya en el bus, luego en el metro, discutía en mi mente: ¿por qué hago estas cosas?, ¿por qué confronto a los simpatizantes de Sendero?, ¿no habría otras personas que hicieran estas cosas?
También discutía conmigo mismo sobre el hecho de que el arte y sus formas de manifestación, representan: discursos, políticas, ideologías, culturas, memorias (Benjamin, 2003; Brecht, 1983; Richard, 2001). El arte puede modificar nuestras percepciones de la realidad, determinar quién puede “aparecer” y “cómo” (Ranciére, 2016). Es por ello que algunos autores consideran que el arte puede “ser un arma de liberación” (Boal, 2015, p. 17). Creo que para nadie es un secreto que países comunistas como la ex-URSS utilizaron el cine como propaganda política, educación ideológica y movilización social. En la Guerra Fría, la confrontación mediática con EE.UU. tomó otro nivel. Actualmente, EE.UU. todavía utiliza el cine y los medios audiovisuales como herramienta de comunicación política, influencia cultural y proyección internacional. Es común que nos presenten personajes como: “los mejores del mundo”. No importa si realmente lo son; la propaganda se encarga de hacernos creer que sí. Es parte de su estrategia. Entonces, la novela que se presentó, no es mera inspiración de la creatividad, sino tiene un objetivo. Una obra, no debería romantizar a grupos terroristas, como Sendero, sin el mínimo atisbo de reflexión sobre sus actos. De hacerlo, puede convertirse, en un instrumento de una determinada clase de memoria.
Después de aquella presentación de la novela, pasó mucho tiempo. Con el integrante de FNM, que había estado aquella noche, nos vimos otras veces. Pero nunca hablamos de aquella noche. Lo vi en otras actividades del grupo. Pero hace dos semanas renuncié a ese colectivo. Lo hice de manera coloquial e interna, por una red social.
„Saludos a todos y todas. Espero que estén bien. Quisiera comunicar mi salida del grupo. Antes, quisiera explicar mis razones.Uno. Les pido disculpas por mi poca participación en estas últimas fechas. Hay un nuevo integrante en la familia, recién llegado. La chamba y otros asuntos que me complicaron. Segundo. Mi renuncia se debe a que intento ser coherente con mis principios, que para mí son importantes. Estoy completamente en desacuerdo con que se presente a Julio Roldan en las actividades del grupo. Tengo entendido que sobre eso se discutió. Pero a pesar de ello, se siguió con la actividad. Sabía de ello en su momento, eso me hizo dudar de si estaba en el grupo correcto. Porque estaba muy orgulloso de pertenecer al grupo. Por ello fui parte de muchas actividades. Quiero aclarar que no voy por el libro, no lo leí y tampoco me interesa. Lo que observo es a su autor, la persona. Para mí, simpatiza con Sendero. Puso en la dedicatoria de su libro frases como: “Para los revolucionarios muertos, desaparecidos, encarcelados, del 32, del 62-65, del 80-2000, que dieron todo en aras de una sociedad justa y libre.” (Libro: La guerra de los 20 años. Un Fantasma Luminoso Recorre La Sociedad. Página: 01. Autor: Julio Roldán).
Esto ya lo había discutido con algunos del grupo, cuando hacíamos un trabajo para el colectivo. Si presentas a alguien a la sociedad, es porque compartes parte de su idea. Das tu respaldo, por eso haces la actividad con esa persona. Repito, respaldas a la persona y al producto que sale de ella. Ya está programada la presentación.
Por eso, antes de esa fecha: lamentablemente anuncio mi retiro del grupo, porque no comparto el juicio de Roldán sobre Sendero. Este mismo juicio lo haría con cualquier integrante de los militares. Por qué? porque tengo familiares asesinados por ambos bandos. Y como dice la CVR, Sendero es el principal responsable del conflicto armado interno y sus integrantes no actuaron “en aras de una sociedad justa y libre”. Fue lo contrario. Hasta ahora, miles de familias siguen padeciendo las consecuencias de ello, pero qué poco se recuerda de ello. Porque algunos idealizan a Sendero y al parecer no tienen presente sus crímenes. Yo los vi asesinar, fui testigo, cuando aún era infante. Y también los he estudiado, parte de mi doctorado habla de ellos. Me considero activista de DD.HH. y eso es así aquí; y en cualquier parte del mundo. Lamento presentar esto a estas alturas, como dije, me fue complicado antes. Espero algún día verlos, ya no como organización, tal vez, más como personas. Cuídense y hasta algún día“.
Esto fue el 17 de octubre, una semana antes de que FNM presentara el nuevo libro de Roldán, sobre China. Ante lo que escribí en mi renuncia, nadie me dijo nada. Dos días antes del evento, uno de los integrantes me dijo: —“Heeder, ¿planeas ir? Sería bueno“ —escribió—, por una red social. Tampoco mencionó lo que había escrito, pero quería que fuera al evento. Quería ver “sangre”, posiblemente para ver el enfrentamiento con el simpatizante. Y para él hubiera sido “bueno”, un espectáculo gratuito.
Otro colectivo de peruanos de Berlín, el 23 de octubre, hizo un pronunciamiento público. Criticaba a FNM y la línea activista de Roldán con Sendero . Pero FNM igual realizó el evento con Roldán. Finalmente, el 27 del mismo mes, FNM hizo público su pronunciamiento, en el que, entre otras cosas decía: “Rechazamos el terruqueo, venga de donde venga. Es una práctica estigmatizante que el Fujimorismo ha usado para chantajear, silenciar, y descomponer el tejido social” .
Otra vez el terruqueo es utilizado como herramienta, para confrontar una memoria, como señalan: —“venga de donde venga”—. El „terruqueo, [es una] práctica que consiste en endosar a alguien la filiación a una organización terrorista para menoscabar su credibilidad“ (Takehana, 2021). Esto se utilizó para deslegitimar una denuncia de los crímenes de Sendero. Entonces, ¿qué se debería decir de Roldán por defender a Sendero?
Así escribió Roldán (2018):
„En cuanto a lo que fue, o lo poco que queda del Partido Comunista del Perú, de igual manera, ocurre algo similar. Han publicado folletos, revistas, documentos, libros; pero hasta el momento, el balance y autocrítica de su accionar que remeció la sociedad como ningún otro en la historia peruana del siglo XX, duerme el sueño de los justos. La irresponsabilidad para con los que se comprometieron con la causa de la guerra popular es supina. El desprecio a los que lucharon, en sus filas, es decepcionante. Por extensión, es ofensiva“ (p. 01).
Pero ¿por qué estamos confrontándonos por las memorias? Para los peruanos en el desarrollo del conflicto armado interno „las memorias son procesos subjetivos e intersubjetivos, anclados en experiencias, en „marcas“ materiales y simbólicas y en marcos institucionales” (Jelin, 2012, p. 23). Aquellas marcas han quedado en nosotros de distintos modos. Los que no las tienen, pretenden negar que existió. Porque una memoria que va en contra de otra, es una amenaza para un determinado discurso político. „Se trata de una lucha por „mi verdad“, con promotores/as y „emprendedores/as“, con intentos de monopolización [de memorias limpias]“ (Jelin, 2012, p. 23).
Siguiendo a Jelin, un promotor/emprendedor de Sendero sería obviamente Carlos. Luego de aquel evento de la presentación de aquella novela, lo volví a ver en otras actividades relacionadas con Sendero y el MRTA. Otro sería también Roldán. En la literatura: Danza entre cenizas (Pinel, 2022). También estarían (Machuca, 2009; Masada, 2016), entre otros. Pero de parte de las fuerzas del orden estarían (Cisneros, 2017; Freyre, 2011, 2018). Lo curioso es que Freyre en su literatura, intenta hablar de “los excesos de las fuerzas armadas”, pero resalta la acción violenta de Sendero de manera más atroz e ilógica.
Cuando la memoria se lleva al extremo, existe el peligro de que sea instrumentalizada y manipulada, y de que creen nuevas formas de violencia (Todorov, 2013). En el mundo, la contramemoria se ha impuesto con más fuerza, de manera brutal, causando nuevos genocidios. Lo más reciente sería lo ocurrido en la Franja de Gaza. Tal como lo sustenta Traverso (2024), el Estado de Israel ha hecho uso de la memoria del Holocausto para desarrollar una nueva narrativa para su “autodefensa existencial”, con ello legitima y justifica sus acciones militares. Hasta ahora hay una cifra fatal de 74 594 víctimas gazatíes (Bachega, 2026). Ni siquiera los trabajadores de las Naciones Unidas se han librado de la muerte, 392 han sido asesinados (UNRWA, 2026). De todas las muertes, los niños han llevado la peor parte. Por ello, las Naciones Unidas han declarado como genocidio los actos de violencia del Estado de Israel (Noticias ONU, 2025). El acto terrorista de Hamás del 7 de octubre del 2023, no se puede aprobar bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, la respuesta de Israel con genocidio, sobrepasa cualquier acto de humanidad o defensa, como argumentan.
Por tanto, el uso de la memoria para un “nunca más” ya no funciona. No funcionó para evitar un nuevo genocidio, no funcionó cuando intenté hacer reflexionar sobre los actos de Sendero. Al parecer los “promotores/emprendedores” son más. Finalmente, creo que FNM no es parte de ellos, conozco a algunos/as y puedo dar fe de ellos y ellas, pero no de todos.
¿Por qué sigo haciendo esto? Porque vi las acciones atroces de Sendero hasta que mi esperanza agonizó. También esperé a un padre que nunca regresó de las manos de la Marina. En aquel tiempo, como niño me pregunté “por qué pasaba todo eso”. Ahora entiendo las cosas, pero no acepto que sigan pasando. Intento ayudar a las víctimas, negando mi perfil de víctima. Así lo aprendí en la Asociación Nacional de Familiares, de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP), de la mano de mi madre.
Ahora siento que no estoy solo; hay miles como yo. Quiero creer que también hay personas así dentro de FNM. Aquellos tiempos de violencia están aquí, como cicatrices del infierno. A veces los acaricio, ilusamente, pensando en un nunca más.
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