Desaprender para adaptarse: ¿Qué y a quién cambia el voluntariado?

Foto: María Belén Zumárraga

Desaprender para adaptarse: ¿Qué y a quién cambia el voluntariado?

El voluntariado internacional no es una experiencia uniforme. Entre Alemania y Ecuador, entre distintos programas de intercambio cultural, las vivencias se construyen entre burocracia, adaptación y choque cotidiano. Llegué a Alemania hace 7 meses y el sistema se sintió como un mecanismo preciso y silencioso. Todo funciona con un orden que al principio no sabes cómo leer. No es caótico, pero tampoco inmediatamente accesible. En ese contexto, hablar de voluntariado no es solo hablar de ayuda, sino de adaptación, privilegio y transformación.

La primera vez que trabajé con niños en el proyecto, uno de ellos me habló rápidamente en alemán. Le pedí si podía repetirlo en inglés. Me dijo que no. Desde entonces entendí que aquí no todo se traduce, y que parte del proceso es aprender a estar dentro de ese límite.El proceso de llegada también estuvo marcado por la burocracia: Anmeldung, seguros, cuentas bancarias. Cada paso dependía del anterior, como un sistema donde no puedes avanzar sin completar una fase previa. Con un nivel A2 de alemán, muchas veces la respuesta no estaba en lo que entendía, sino en lo que lograba resolver.

„Es importante ser conscientes de por qué hacemos voluntariado“

Thorben, un joven alemán de 21 años, participó en el programa weltwärts en Ecuador. Desde su experiencia, describe el voluntariado como profundamente formativo, pero también plantea una mirada crítica sobre su impacto.Durante su tiempo en el país, percibió interés y apertura por parte de las personas que conoció, aunque reflexiona sobre cómo estos programas no deben entenderse únicamente como ayuda unidireccional.
„Creo que es importante mantener una actitud humilde. Los voluntarios deberían entender que el voluntariado es también para ellos mismos. El objetivo debería ser aprender mutuamente y cuestionar estructuras de desigualdad“, explica. Su testimonio apunta a una tensión central: el voluntariado como espacio de aprendizaje, pero también como experiencia atravesada por desigualdades globales.

„Primero es ilusión, luego supervivencia, luego aceptación“

Desde otra perspectiva, Fran, ecuatoriana de 24 años con raíces de la sierra y costa del país, de una familia muy cercana; describe el proceso como una transformación emocional por etapas.Habla de una fase inicial de ilusión, seguida por un choque con la realidad, y luego una adaptación que exige constancia.

„Te das cuenta de que no todo es color de rosa. Pero lo que decides llevarte de esa experiencia depende de ti“, explica.
En su caso, el cambio no fue solo externo. Aprendió a lidiar con el idioma, el invierno y la distancia emocional, pero también desarrolló nuevas formas de habitar el día a día: actividades solitarias, nuevas rutinas e incluso formas de aprendizaje autónomo. Al final del proceso, describe una mezcla de nostalgia y gratitud.

„Es como un viaje largo donde atraviesas muchas personas“

Joaquín, ecuatoriano de 18 años, actualmente realizando su voluntariado, habla desde una mirada más inmediata. Viene de un entorno familiar abierto y relajado, lo que, según él, ha influido en su forma de adaptarse a nuevas experiencias.Describe el voluntariado como un viaje en el que se atraviesan personas, emociones y situaciones distintas. Una experiencia que exige responsabilidad y presencia constante. En su caso, el cambio más significativo ha sido la sensibilidad hacia los detalles cotidianos. „Me he vuelto más consciente de lo pequeño“, resume.

„El contexto también define cómo se vive el voluntariado“

Desde una mirada institucional, ICYE Ecuador, también conocido como VASE, es una organización con varios años de trayectoria que gestiona programas de voluntariado internacional seguros desde Ecuador hacia distintas partes del mundo.

Desde su experiencia, la organización señalan que el voluntariado no se percibe igual en todos los países. En Ecuador, el voluntariado nacional tiende a ser percibido como más informal en comparación con contextos de otros países donde hay mayor participación del Estado.
Además, destacan un elemento recurrente: la independencia que desarrollan los voluntarios al vivir fuera de sus entornos familiares, especialmente en contextos donde el vínculo familiar es más fuerte.

Entre desaprender y reconstruirse

En el voluntariado internacional, entra en juego el factor del privilegio: no solo la voluntad de ayudar, sino la posibilidad de desplazarse, conocer otras culturas y salir de la zona de confort. En este cruce de experiencias aparece una idea común: el voluntariado no es un proceso lineal ni homogéneo.

En mi caso, vivir en Alemania ha implicado desaprender lo que antes entendía como „sentido común“. Desde la forma de relacionarse hasta la manera de resolver la vida cotidiana, muchas cosas dejan de ser automáticas.
También ha implicado descubrir otras formas de estar: el silencio, la observación, el tiempo sola, y la forma en que uno mismo interactúa con el entorno según el idioma que habla. En alemán soy más reservada. En inglés más informal. En español, más inmediata. En Ecuador, la socialización era rápida; en Alemania, es un proceso más gradual.

El voluntariado no es únicamente una experiencia de ayuda. Es un espacio donde se cruzan culturas, privilegios, aprendizajes y contradicciones. Más que una acción externa, se convierte en un proceso interno: desaprender, adaptarse y reconstruirse en un entorno que no siempre traduce todo, pero que obliga a entender de otra manera.

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