Muxes: El matriarcado del género no binario zapoteco

Foto: Olga Sierra

En 1930 el cineasta soviético Sergei Eisenstein visitaba México con la idea de filmar un documental que al final nunca sería terminado. Se supo que lo que más llamó la atención del héroe de propaganda de Stalin, fue el “Matriarcado del Istmo de Tehuantepec”. Un paisaje social completamente inusual que mostraba la presencia dominante de la mujer como administradora y jefa de su grupo. Eisenstein, que se especializaba en captar el mensaje de las multitudes y transcribir en imágenes sus desigualdades, vio allí una estética a contracorriente de las visuales convencionales. Su cámara registró para siempre, en la película “Que Viva México”, escenas de mujeres desinhibidas recogiendo monedas de oro de una fuente, mientras los hombres parecen conectarse a esas dinámicas relacionales admirando harmónicamente, bajo un clima de sensualidad y complacencia. Casi 90 años después la postura femenina continúa firme en el Istmo, existe una comunidad denominada Muxe que resalta aquella erótica haciendo uso de la distinción social hacia lo feminizado. En palabras de nuestrxs entrevistadxs, se trata de personas que habiendo nacido biológicamente hombres se identifican con esa mística de la mujer istmeña. Toman las riendas de la familia y a diferencia de lo que marca el patrón cultural de sociedades occidentalizadas, no sufren discriminación ni maltratos. Por el contrario, gozan de una estima y consideración que lxs eleva a categoría de primer eslabón de la pirámide en el paisaje social istmeño. Son indígenas (en su gran mayoría zapotecxs), fabrican sus propias vestimentas llamadas huipil y son lxs encargadxs de una vez al año organizar la fiesta tradicional más relevante y significativa para la comunidad, las denominadas Velas, donde el objetivo final es la elección de la reina Muxe. En esta oportunidad Radio Matraca tuvo la suerte de entrevistar a Edder McYanni (artista muxe), Elsy ramírez (muxe no travestida) y la reina de la Vela 2011, Netza Huancoyot. Según la leyenda que cuentan lxs propixs muxes del Istmo, “el responsable de este característico rasgo juchiteco sería el patrón de la localidad, San Vicente Ferrer, a quien Dios habría encargado repartir a los muxes entre todas las ciudades de la región. Sin embargo, al pasar por Juchitán, su bolsa se rasgó, dejando caer aquí a todos los homosexuales que viajaban en ella”. Lo cierto es que “el Matriarcado a la zapoteca” acondicionó una localidad entera para construir comunidad a partir de la tolerancia, la diversidad sexual y el alto grado de aceptación hacia la homosexualidad, que aumenta y se propaga cada vez que una nueva reina conquista el alma de las Velas.

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