Esos martes que no pasa nada

No es un martes más…son las 03:24 de la madrugada y un mensaje de texto transmite lo siguiente: “plomo”. En el argot latinoamericano, esa palabra puede tener muchas connotaciones sangrientas, pero en Venezuela es algo así como “Adelante”, como animando algo a alguien. Era en el celular de Leopoldo (nombre sifrino si los hay). Comenzaba oficialmente el golpe fallido más caricaturezco de la era chavista. No es que los anteriores se hayan caracterizado por el criterio y la complejidad de sus tramas estratégicas, es que realmente en éste, llama la atención las imágenes desde el Puente Distribuidor Altamira con una veintena de militares asustados y un racimo de civiles sacándose selfies con el “mártir de Chacao”.

Es que Lepoldo no es un líder político más, en eso discrepo profundamente con el Chavismo, Leopoldo a estas alturas (en su caso bajuras) es como un coleccionista super star del tropiezo golpista. Un atolondrado que, desde el energumenismo antipopular, se ha dedicado a desperdiciar cuanta puertita se abría para generar un espacio real de diálogo entre las dos fuerzas preponderantes que se disputan Miraflores: Chavistas y Todo el mundo.
Las imágenes de Leopoldo con su chaquetita North Face dirigiendo un piquete enano en el Puente Distribuidor Altamira, desespera como su cara al ver que amanecía y las masas de venezolanos asediados por el regimen maligno nunca aparecían. Tampoco las hordas de militares rebeldes que cansados de servir a la tiranía, llegaban campantes para sumarse a sus filas de seguidores (los cuales, en ese momento estaban por su tercer sueño en alguna acondicionada morada de Calgary).
No llegó nadie, ni se sumó nadie, ni paso nada. El sujeto en cuestión cambió la comodidad de su casa por las frías paredes de la embajada de España, donde le prohibieron cualquier actividad política. Mientras tanto, la imagen del “Presidente encargado”, con su camisa arremangada, quedó reducida a la de un estudiante de contabilidad condenado a ser, con suerte, el segundón histórico de Lepoldo en sus escatológicos fracasos por derrotar al chavismo.
A todo esto, los que siempre pierden son los venezolanos, que a estas alturas, se merecen un cambio. O por lo menos una plataforma de diálogo que construya los cimientos para una salida pacífica a este delirio anacrónico QUE SOLO PUEDE EMPEORAR. Porque si Maduro sigue sobreviviendo golpes, cual boxeador de corona arrinconado, o la oposición finalmente logra el milagro de voltearlo, el destino del país, al menos en lo sucesivo, se presentará escalofriante.
Jorge Bergoglio (odiado hasta el hartazgo por los que odian hasta el hartazgo a Maduro, Chavez y la musica llanera) hace años que sostiene que la única salida en Venezuela es el diálogo. Aunque suene a cliché o a frase fácil de enciclopedia de venta libre, si no hay una salida consensuada, el rojo de la bandera tapará el azul y amarillo.
A menudo la prensa moderada de centro o centro izquierda -o sea, antichavista- insiste en recalcar los desaciertos políticos del pasado pre-chavista para explicar la longeva vigencia en el poder del chavismo (todo un fenómeno para los tiempos actuales). Horacio Retalares, reconocido filósofo y pensador caraqueño, en su última editorial para la revista Dilemas, se pregunta si “los de la oposición son o se hacen”. La verdad es que cualquiera de las dos opciones les cabe y a esta altura da igual la respuesta, pero lo cierto es que mientras el cambio hacia una Venezuela abarrotada de papeles higiénicos, se vea condicionada por la TORPEZA de los referentes actuales de oposición con Leopoldo de Chacao a la cabeza, resultará un incómodo imposible para todos los venezolanos.

Montañas de Berlin,
Radio Matraca

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